El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee. (Umberto Eco)

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sábado, 30 de abril de 2016

Cadete del espacio, de Robert A. Heinlein

Por Er-Murazor sábado, abril 30, 2016 , Sin comentarios

Esta es otra novela juvenil de Heinlein, como El granjero de las estrellas (reseñada aquí), y la verdad es que todo lo dicho del granjero es válido en esta novela. Esta vez el protagonista no es un aguerrido colono espacial, sino un flamante cadete de la Patrulla Espacial. Si Heinlein dedicaba medio "granjero" a loar las virtudes de los boy-scouts, esta vez le toca alabar al ejército.

Como en "granjero", el protagonista, Matthew Dodson, no termina de ver claro si va a ser patrullero o no y acaba teniendo una epifanía que lo aleja del civil de a pie y le hace entender las virtudes de la Patrulla, una entidad que sirve a la Humanidad entera y no a una nación en concreto. Todo muy bonito, oiga.

Dodson tiene varios amiguetes en la Patrulla y también un archienemigo de pega. Si en "granjero" Heinlein hacía mofa, befa y escarnio de los chupópteros de lo público, esta vez le toca meterse con los empresarios vagos y sin escrúpulos que viven explotando el trabajo de sus empleados. Heinlein hace apología, de nuevo, de los ideales de compañerismo, solidaridad y entrega al grupo, y desprecia a los que intentan ponerse por encima de los demás, ya sea a costa de su trabajo o del Estado.

La novela es en muchos sentidos una precuela de "Tropas del Espacio", aunque mucho más juvenil. Es muy descriptiva de la vida diaria de la Patrulla, con clases, exámenes, anécdotas, pruebas, ascensos y demás hasta que a los patrulleros se les encarga una misión. No sé si por leérmela justo después del granjero, pero la novela me resultó algo más cansina. No me molestan las novelas demasiado descriptivas, pero terminé algo harto de esta y agradecí un poco de acción cuando los cadetes comienzan las misiones.

     (3/5) 
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miércoles, 30 de marzo de 2016

El granjero de las estrellas, de Robert A. Heinlein

Por Er-Murazor miércoles, marzo 30, 2016 , Sin comentarios
Comencé esta novela por casualidad. Es uno de tantos saldos de la Factoría de Ideas que tengo por casa y paseando la vista por la estantería a ver si algo me llamaba la atención vi "anda, un Heinlein" y como tenía pendiente leer algo de este autor, pues lo cogí a ver qué tal.

Empezar a leer algo sin tener ni idea de lo que te vas a encontrar siempre da sorpresas, a veces agradables y a veces menos. Esta es una de las llamadas "novelas juveniles" de Heinlein. Yo pensaba que se llamaban así porque eran las primeras, pero resulta que no, que son obras destinadas a un público juvenil. Parece ser que en los años cincuenta del pasado siglo, a Heinlein le encargaron escribir novelas ensalzando la carrera espacial y explicando (más o menos) en qué consistiría viajar a otros planetas.

Esta novela es ni más ni menos que eso. En una Tierra superpoblada, la familia del protagonista decide emigrar a un Ganimedes en proceso de terraformación y convertirse allí en colones espaciales. La novela no tiene planteamiento, nudo ni desenlace en el sentido de que lo que nos cuentan es una peripecia vital en un ambiente hostil. El único objetivo es la supervivencia. No hay que llegar a ningún sitio, salvar a nadie, vencer a nadie ni nada de eso. Solo sobrevivir, que ya es bastante. Pese a esta falta de objetivo concreto, la novela no se hace pesada en ningún momento, porque las peripecias de la familia Lerner están narradas de manera bastante ágil.

Con la excusa de que los colonos están recién llegados, Heinlein se explaya en explicaciones sobre el viaje espacial, la terraformación, un poco de ecología y dinámica de poblaciones (esto era lo más "in" cuando la novela se escribió) y un poco de ciencia. Por momentos, la novela me recordaba a "El marciano", aunque Heinlein no es tan prolijo como Weir o como un Clarke o un Sheffield. El autor sabe ser entretenido y estos fragmentos se leen con interés.

La novela está narrada en primera persona por un adolescente, y esto sirve al autor para meter algo de acción descerebrada cuando la necesita, aunque Bill (el protagonista) debe ser uno de los adolescentes más maduros jamás vistos y no la lía demasiado parda en ningún momento. 

Hablando de novelas de Heinlein es inevitable mencionar la ideología del autor. Yo había oído hablar mucho de la ideología derechista de Heinlein (son no pocos los que le llaman facha directamente) a partir de la exaltación de lo militar que se hace en Tropas del Espacio. La verdad es que siempre pensé que se trataba de algo exagerado y que Tropas del Espacio era una parodia. Pues me equivoqué. En esta novela se trasluce claramente la ideología ultraliberal de Heinlein: La colonización de Ganimedes es un poco como la conquista del Oeste americano, la lucha del hombre contra la naturaleza y el triunfo del esfuerzo individual sobre los elementos. El protagonista es boy scout (no se menciona la organización con ese nombre, pero está claro) y los valores de los scouts impregnan toda la novela (para eso está narrada en primera persona). Realmente, la ideología de Heinlein no es tan extrema aquí (más allá de una cierta idealización de la colonización) salvo por su ataque a las estructuras estatales. El único personaje que confía en el Estado es un vago mezquino que solo quiere que otros le saquen las castañas del fuego sin hacer él nada mientras los demás colonos prosperan con esfuerzo y solidaridad. Que no digo yo que no haya gente así, pero no son todos los no liberales, señor Heinlein. Esta excesiva ideologización es la única mancha que habría que ponerle a la novela (y tampoco estorba tanto una vez que el lector se acostumbra).

     (3/5)

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martes, 5 de abril de 2011

Puerta al Verano, Robert A. Heinlein

Por Interloper martes, abril 05, 2011 , , Sin comentarios
Si alguna vez llegases a una situación en la que toda tu vida se va al traste... ¿Qué harías?


En Puerta al Verano, Heinlein pone ante esa pregunta a Dan B. Davis, un ingeniero e inventor que se dedica a diseñar robots de domótica, que ama su trabajo y disfruta con él. Después de haber creado un robot llamado Muchacha de Servicio y comercializarlo con gran éxito, Dan emprende el diseño de Frank Flexible, que se perfila como una gran revolución. Es entonces cuando sus compañeros de empresa, mediante varias jugarretas legales, le dejan totalmente en la estacada.


La solución del protagonista a la pregunta con la que empieza esta entrada es, entonces, la criogenización. Congelarse para despertar treinta años más adelante (concretamente, en el año 2000), en una ciudad donde a los que han tomado esa alternativa se les llama "durmientes". Será allí donde Davis descubrirá que...


Y hasta ahí puedo contar.


Leído hoy, Puerta al Verano sorprende. No por su argumento, ya que en lo referente a viajes en el tiempo se ha escrito mucho y muy variado. Tampoco por ser una historia con giros impredecibles o un final arrollador, porque al contrario, en general resulta bastante predecible. Pero es un libro asombroso si la historia se contextualiza. Hay que tener en cuenta que se trata de una novela escrita en 1957, y sin embargo, al más puro estilo Verne, es capaz de imaginar avances tecnológicos que hoy en día resultan bastante comunes, como los robots de limpieza o el uso de componentes electrónicos estándar para reducir costes y hablar de teorías espacio/temporales, hoy en día están muy en boca de muchos científicos e investigadores.

De este modo, Heinlein logra crear unos personajes y un universo muy sólidos, consistentes y creíbles. Muchas novelas futuristas no son capaces de sobrevivir al año en que se ubican. Los escritores hablan de avances o inventos que no solo no existen, sino que la ciencia ha avanzado por derroteros totalmente distintos. En cambio, el autor de Starship Troopers tiene la maestría de hablar no solo de unos avances cientifico/técnicos que en parte se han visto plasmados en la realidad casi cincuenta años más tarde, o un proceso de creación ingenieril perfectamente lógico (sin duda los estudios en ingeniería mecánica de Heinlein influenciaron estas partes del relato), sino que también presenta una estructura social futurista que podría perfectamente pasar por verídica, donde la gente desconfía de los "durmientes".

No suele gustarme repetir ajadas citas cuando escribo una crítica, pero en este caso no puedo sino coincidir en que "Si no has leído a Heinlein, no has leído ciencia ficción; si no has leído esta novela, no has leído a Heinlein".
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